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LA LEY DE LA CAMPANA

A quien te da…Dale!



Hacía tiempo que no me identificaba tanto con un texto, como con éste, que hasta hoy que lo releí, simplemente retumbo el mensaje de la campana en lo más profundo de mis pensamientos, por eso es tan imprescindible leer aquello que siempre ha deja algo positivo en ti (tanto razón tenía el Principito), porque todos los momentos cambian y las percepcione se adaptan de acuerdo a las circunstancias. Así que les dejo el maravilloso mensaje que Claudia Sophía nos comparte.



Lejos de emular a aquella antigua máxima del “Ojo por Ojo” que, en lo personal siempre me ha parecido absurda y autodestructiva, el título de esta entrega obedece a otra de esas trascedentes enseñanzas que me dejó mi Yeya.

Por muchos años he buscado el mensaje encriptado que aquellas palabras traen consigo, esa dosis de sabiduría simple y a la vez, profunda. Con estas dos palabras que escribiré a continuación resumo lo que considero son los principales conceptos relacionados con esa Ley de la Campana que tanto me insistía ella:


VALORACIÓN:


Saberte quién eres y lo que eres capaz de dar.

Reconocerte, desde lo valioso de tu tiempo y la disposición manifiesta cada vez que das.


RECIPROCIDAD:


No damos para recibir, pero es el principio básico de toda relación armónica.

Dar según se recibe, no en cantidad sino en la naturaleza de lo que recibes.


En un principio se trata de cuidarte cuando das, pues ciertamente cada vez que das –desde una intención auténtica – realmente estás entregando un pedacito de ti.

Valorarte desde el autoconocimiento tiene que ver con darte cuenta de todo lo que eres capaz de hacer y dar cuando te comprometes con un propósito, por lo que se complementa de forma perfecta con el otro elemento de nuestra Ley, la reciprocidad que, fuera de parecer un ejercicio de “toma y dame”, busca acercarse a la construcción de relaciones sólidas y armónicas basadas en la mutua entrega, blindando así toda posibilidad de desigualdad que siempre va a redundar en el descontento de alguna de las partes involucradas en dicha relación.



Valorar lo que damos y a quien se lo damos, comenzando por el tiempo –que como es lo único que nadie tiene – pues es lo más valioso que entregamos, y saber a quién se lo damos. Apreciar nuestro tiempo guarda mucha relación con nuestras decisiones diarias, pues en ellas está la forma en la que vivimos el presente. Como siempre me pregunto: ¿esto que voy a hacer capitaliza mi tiempo?.


Capitalizar tu tiempo significa darte cuenta si aquello que estás a punto de hacer traerá para ti algún beneficio sea cual sea el estadío de necesidades en las que te encuentres, es decir, beneficios emocionales, materiales, espirituales, sociales, en fin; si la inversión de tiempo en eso y con esas personas va a ser provechoso para tu propósito de ese momento. Recuerda que estamos permanentemente rodeados de personas que consideran que es un deber tuyo atenderlas, cuidarlas o apoyarlas en sus necesidades, y bajo esa concepción, absorben tiempo infinito de tu agenda, restando espacio para que tú te ocupes de ti.


Sabiamente en el libro de “El Principito” está contenida otra píldora de sabiduría que bien puede ayudarnos a terminar de comprender nuestra ley del día de hoy: “Las personas se hacen merecedoras del cariño que reciben” (o del que no reciben, le hubiera agregado yo… dada mi permanente necesidad de hacer cable a tierra). Entonces, vamos a ocuparnos en VALORARNOS, saber que no cualquier situación o persona merece nuestro DAR porque en ese dar nos DAMOS, dejando un poco de nosotros en el otro, por lo que la única forma de sostener el equilibrio perfecto ha de ser RECIBIENDO.


Hagamos también ejercicio de conciencia de lo que estamos recibiendo y de quién lo recibimos y, siendo conscientes de ello, procuremos componer los posibles vacíos que encontremos. Todo tiempo es bueno para un re-comenzar, es además una demostración de evolución.


Hasta una próxima inspiración!


Posdata: Con esta ley todos tenemos el permiso de equivocarnos: da, entrega, comprométete. Si no resultó como esperabas recuerda: una primera vez es “Lección”, una segunda vez es “E-lección”.



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